Allen, Malick y la Palma de Oro

La Palma de Oro del festival de Cannes es para los cineastas como el premio Nobel de literatura para los escritores. Hay que ser muy buen cineasta para llegar allá y más para ganar. La Palma de Oro de 2011, The Tree of life la ganó y dirigió un doctor en filosofía llamado Terrence Malick. Una de las películas más queridas del 2011, Midnight in Paris, es el gran regreso de otro gran director y filósofo: Woody Allen. Ellos dos son una prueba de que el filósofo sí tiene qué hacer en donde quiera estar.

Ambos filmes tienen muchas ideas filosóficas de fondo, a pesar de ser muy distintas entre sí. En cuanto a cómo están hechas, pues el estilo de los directores varía como su personalidad. Lo importante es que comparten cierta profundidad y honestidad; ingredientes que siempre nos atraen más a las películas. Es muy fácil ver una película y darse cuenta de que el director no sabe de qué está hablando, a veces, el guionista está igual.

En cambio, Woody Allen habla de la nostalgia del pasado, de qué es el tiempo, del auto ocultamiento del error; de la Fortuna que a veces parece la vida de la gente, etc. Está bien escrito y deja un sabor de boca especial porque es una película fresca, relajada, refinada y una idea muy poco común pero que nos invita a quedarnos a verla.

Por otro lado, está Terrence Malick cuya película no agradó mucho a todos los que fueron emocionados a verla porque salían Brad Pitt y Sean Penn sin darse cuenta de qué irían a ver. La película comienza con las preguntas de un niño que habla con Dios; las imágenes muestran la creación, el espacio, el devenir del tiempo; parece haber un tipo de Providencia (como decían, entre otros, Platón y Epicuro); la trama se desdibuja para darnos algo más parecido a retrato, a una respuesta no hablado, sino mostrada. Tiene muy poco o nada que ver con la de Woody Allen.

Es lo mismo que ocurre cuando se está en la escuela de filosofía. Hay muchas opiniones, muchos diálogos, estilos, gustos e ideas distintas, pero todo toma una forma más estructurada para que florezcan las discusiones. El filósofo tiene cosas qué decir, sólo debe decidir cómo decirlas. Hay quienes dan clases, quienes escriben libros, quienes están en empresas y, obviamente, en el mundo del arte. No es que baste ser filósofo para hacer este tipo de cosas, habrá que aprender más pero siempre se puede hacer como en cualquier otra profesión.

Santiago Floresmeyer

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