La infidelidad de la Era Informática

Un clic, y toda tu vida entra en contacto con un mundo descontrolado. La caja de Pandora está  al alcance de cualquiera en su ordenador.  Los vericuetos de la información nos llegan como si fueran un camino fácil. Vamos a hablar claro ¿No nos hemos dado cuenta que la tecnología necesita un límite? El espacio existente en la web se llena de palabras vacías a pesar de ser un foco de información. Todo sentimiento encriptado termina siendo público en las redes sociales. Un click, un PIN, una contraseña son pura formalidad para disfrazar la verdadera infidelidad. Todo es magia que viaja a velocidad impresionante, cada palabra nos embate con la fuerza de un Kraken binario y nosotros leemos a mordiscos las sílabas que de números se transforman en palabras. Creemos que eso es libertad de expresión cuando en realidad nos está esclavizando. Nuestra pantalla táctil se transforma en la dueña de nuestras sutiles caricias. Vivimos en una época de Revolución y la Historia avanza al ritmo de un cangrejo. ¿Dónde está el límite? Si seguimos avanzando sin finalidad alguna terminaremos siendo una máquina. La tecnología nos engaña, la informática tiene extraños compañeros de cama y nosotros creemos que nos es  fiel, que nos ayuda a progresar. Infidelidad detrás de los inbox, ¿privacidad en las redes sociales? Suena a una contradicción. No hay contraseña, PIN o clic que soporte la idea de ser privado si las bases de datos se venden a un mercado. En este sistema hay que adaptarnos a los bits que corren por nuestra sangre, los leucocitos se han vueltos banda ancha y los días se miden en compañía de un satélite computarizado. La informática nos está controlando, y nosotros que le damos todos nuestro amor. Le gusta jugar con nuestros pensamientos, con nuestra rutina, con nuestra privacidad, con nuestros secretos, con nuestras cartas. A la informática no se le puede pedir exclusivas, no nos puede ser fiel sin ser infiel a ella misma. La misma red se alimenta de todo. Es necesario un límite a nuestro avance, una finalidad. Hay que levantar una denuncia por adulterio a la informática. Nos es infiel: lo privado lo convierte en público, lo asombroso lo convierte en rutinario, lo antiguo lo enferma de moderno, tergiversa  las palabras a su antojo, es un talego fabricado de conexiones, no hay salida. Pero sé que aún podemos volver a buscarle una finalidad, sé que podemos quedar como amigos de la informática, correr de la mano con ella. Sólo debemos recordar que aunque exista Twitter sigue siendo un arte hacer aforismos; que aunque exista  Kindle, Gutenberg sigue vigente; que aunque existe el e-mail vale más la tinta; que aunque exista Flickr vale más imaginar un hermoso paisaje; que aunque exista Scribd la biblioteca aún sigue abierta. Debemos comprender que si no sabemos cuidarnos la era informática nos será infiel.

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