Arte y Filosofía

Hay muchas maneras de definir el arte. No importa qué palabras se utilicen, en la mayoría, por no decir la totalidad de los casos, tratarán de dar a entender que el arte es un método del que el hombre se vale para expresarse. Los procedimientos, los motores y los resultados tienen una variedad infinita; pero quizá el fin sea el mismo: dar a conocer a otros (e incluso a sí mismo) lo que el artista lleva dentro.

La impresión que la obra de arte provoca en el observador es única. Y no es una para cada obra de arte, es mucho más que eso. Es una para cada persona que observe la misma obra de arte; cada quién encontrará algo diferente en ella, ya sea una pieza musical, un retrato, una escultura, un poema o un paisaje. Cada uno tendrá un significado diferente para quienes lo observan.

Pero el arte no nace de la nada. ¿Qué es lo que impulsa al autor a plasmar un poco de sí para exhibirlo? ¿Qué es lo que hace del arte más que sólo un proceso, sino algo casi necesario?

Es verdad que para crear arte se necesita saber cómo hacerlo. Es menester dominar una técnica, saber qué instrumento utilizar para causar el efecto deseado. Pero el arte no es sólo eso.

El artista tiene en mente una idea. Tiene latente un sentimiento que espera ser liberado para que entonces, junto a él, el autor pueda dar rienda suelta a su imaginación y dar a luz una obra maestra. Y aunque sabe cómo hacer, no sabe qué decir.

El arte no se basa únicamente en técnicas, a veces nos hace preguntarnos de cosas que van más allá. En ocasiones, el artista no sólo busca expresar una parte de sí mismo, sino que pretende  causar y resolver conflictos con ayuda del observador referentes a la vida, el amor, la libertad, el conocimiento y otros problemas abstractos. Nos los presentan a su manera, y nos invitan a reflexionar junto a ellos, para concluir posteriormente lo que queramos.

En realidad, el arte puede ser una cara amigable que nos cuestiona sobre problemas mucho más complejos de lo que aparentan. La relación arte-filosofía puede no estar totalmente clara en un inicio, pero al reflexionar un poco acerca del objeto de ambas disciplinas podemos encontrar que sus objetos, finalmente, no son tan diferentes.

Ana Torres

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