El gran tablero de noches y días

No puedo comprender a todos aquellos que dicen que estudiar Filosofía es inútil. Sé que un médico tiene la satisfacción de salvar una vida. Sé que existen numerosas licenciaturas o ingenierías para estudiar, y que normalmente Filosofía no es una elección. Pero ¿Qué sucede con los que elegimos estudiarla? No generalizaré, no escribiré un gran ensayo acerca de esa pregunta. Simplemente, escribiré lo que la Filosofía representa en mí.
 

Había una vez, en el tercer astro que rodea al Sol, una raza capaz de formular preguntas. Algunas preguntas eran efímeras, otras, en cambio, son inmortales. Preguntas sorprendentes acerca de la naturaleza, Dios, o el hombre. Con el paso de los años esas preguntas fueron escondidas en la cotidianidad de la vida del hombre. Aún en nuestros días existe el residuo de aquellas inmortales preguntas. Pero con el crecimiento, el ser humano las olvida o las intercambia por una vida llena de práctica y poca teoría. Ahora el hombre ve el reloj y asegura que se le hace “tarde” sin preguntarse qué es el Tiempo. Hay ocasiones en las que rezamos sin preguntarnos qué es Dios. Diariamente aseguramos que el movimiento existe sin saber qué es el Movimiento. ¿Qué es la verdad? ¿Qué es la vida? ¿Qué es la persona? ¿Qué es el mundo? ¿Qué es el conocimiento? ¿Qué soy yo?…

Estudiar filosofía es darle continuidad a la historia de cientos de hombres que proponen respuestas a las preguntas inmortales de la humanidad. Ser filósofo es amar el saber por el saber y no por interés a su practicidad. Ser filósofo es cargar en los hombros gigantes inmortales, no ir en el metro a repetir versos sobre lo infame que es la vida. Ser filósofo es adentrarse a un mundo de preguntas con numerosas respuestas. Hacer Filosofía es indagar respuestas posibles a las interrogantes permanentes del hombre, no es usar drogas y decir poéticamente lo que es el Cielo. Ser filósofo es comprender que estás hecho para amar el saber. Tal vez no ganes un premio Pulitzer, un Oscar o un Nobel. Quizás no salgas en la televisión para hablar de moda. Es probable que nadie te reconozca cuando camines por la calle. Es seguro que lo primero que algunas personas asegurarán cuando les digas que eres filósofo será: te morirás de hambre. Es normal que tengas que soportar caras de asombro, risas o bromas pesadas acerca de la Filosofía. Pero no por eso te detengas, no por eso abandones tu camino, si tu senda es el saber sin interés continúa hasta el final. Suelo pensar que en este mundo todos somos piezas de ajedrez, sólo que tenemos libertad para elegir que pieza queremos ser. Elijas lo que elijas siempre recuerda lo siguiente: la vida es un tablero de noches y días, donde el jaque mate de la muerte es inevitable, pero eso no quiere decir que no puedas hacer una buena partida.

Daniel Rocha

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